Fernando Botero Y asocolon:
Asocolon ha estado presente el pasado día 9 de octubre en el Museo de arte de Bilbao con la inauguración de lña exposición del Artista colombiano Don Fernando Botero, la cual nos ha hecho sentir orgullosos de tener personas de su talla que refleja la verdadera imagen del colombiano en el exterior.
Enhorabuena por su gran exposición y gracias por ser nuestro verdadero Embajador cultural, dejándonos por todo lo alto a los colombianos.
Pocos artistas hispanoamericanos han logrado tanta repercusión a nivel internacional como el pintor y escultor colombiano Fernando Botero. Su personalísimo estilo, que tiene entre sus rasgos más fácilmente identificables el agrandamiento o la deformación de los volúmenes, ha merecido la admiración tanto de la crítica como del gran público, que no puede sustraerse a la singular expresividad de una estética en la que las problemáticas humanas y sociales ocupan un lugar prioritario.
Fernando Botero
Nacido en Medellín en 1932, Fernando Botero fue el segundo de los tres hijos de la pareja formada por David Botero Mejía y Flora Angulo de Botero. Aunque en su juventud estuvo durante un corto lapso de tiempo en la Academia de San Fernando en Madrid y en la de San Marcos en Florencia, su formación artística fue autodidacta. Sus primeras obras conocidas son las ilustraciones que publicó en el suplemento literario del diario El Colombiano, de su ciudad natal.
A los 19 años viajó a Bogotá, donde hizo su primera exposición individual de acuarelas, gouaches, tintas y óleos en la Galería Leo Matiz, y con lo recaudado vivió algún tiempo en Tolú. De su estancia allí saldría el óleo Frente al mar, con el que obtuvo el segundo premio de pintura, consistente en dos mil pesos, en el IX Salón Anual de Artistas Colombianos. El crítico Walter Engel, en El Tiempo del 17 de agosto de 1952, encontró que tenía "una composición vigorosa, bien construida y bien realizada", pero el escritor Luis Vidales lo criticó por su "inconceptual alargamiento de las figuras".
Viajó entonces Botero a Europa, donde residió por espacio de cuatro años, principalmente en Madrid, Barcelona, París y Florencia. Aunque ingresó en las academias mencionadas, siguió formándose a base de leer, visitar museos y, sobre todo, pintar, como él mismo diría. Luego viajó a México, Nueva York y Washington en un período de febril creación y escasos recursos económicos, acompañado de su esposa Gloria Zea. De nuevo en Colombia, Botero compartió el segundo premio y medalla de plata en el X Salón de Artistas Colombianos, con Jorge Elías Triana y Alejandro Obregón. Su óleo Contrapunto fue alabado por los críticos unánimemente, por su alegría contagiosa.
La camera degli sposi obtuvo el primer premio en el XI Salón Nacional celebrado en septiembre de 1958. En esta obra Botero logró deshacerse de una lejana influencia del muralismo mexicano y dirigirse, sin titubeos y por medio de su admiración a los artistas del Renacimiento italiano, hacia la consolidación de lo que alguien llamó el "boteroformismo".
Picnic (1989)
El pintor había manifestado desde hacía cuatro años su admiración por el sereno monumentalismo de Paolo Ucello y por lo que Marta Traba llamó "un Renacimiento de piedra, por la concepción-bloque de las formas", que también manejó Piero de la Francesca; en el Homenaje a Mantegna, la exacerbación de los volúmenes y la concreción o formas geométricas básicas (que Walter Engel relacionó con las esculturas precolombinas de San Agustín) lograron el nacimiento de una pintura "profundamente original, tan antibarroca como anticlásica, tan antiexpresionista como antiabstracta", en palabras de Traba. De todas maneras, el premio en el XI Salón fue consagratorio.
Entre 1961 y 1973 fijó su residencia en Nueva York. Luego viviría en París, alternando su residencia en la capital francesa con largas estancias en Pietrasanta o su finca en el pueblo cundinamarqués de Tabio. Hacia 1964, Fernando Botero hizo sus primeras incursiones en el campo escultórico con obras como Cabeza de obispo, figura que, hecha en pasta de aserrín y con ojos de vidrio, tenía claras reminiscencias de la imaginería colonial barroca. A partir de 1975, en Pietrasanta, se dedicaría a la escultura con entusiasmo: "Parecía como si todo ese universo de figuras monumentales que fue desarrollando en la pintura -escribe Escallón- hubieran encontrado total eco en la tridimensionalidad. Hoy en día, la una alimenta a la otra. Gran parte de la riqueza imaginativa viene de la pintura, que le da ideas, soluciones, posibilidades... Botero desarticula la estructura pictórica para sintetizar la forma en una unidad escultórica".
Fernando Botero posa junto a una de sus obras
En 1977 expuso sus bronces por primera vez en el Grand Palais de París. Tras cuatro decenios de labor ininterrumpida, su reconocimiento en el campo escultórico se hizo también universal. Apoteósica fue la exposición de sus enormes esculturas en los Campos Elíseos en París durante el verano de 1992, y en el año siguiente en la Quinta Avenida de Nueva York, en Buenos Aires y en Madrid.
Convertido ya en uno de los artistas vivos más cotizados del mundo, Botero no ha dejado nunca, sin embargo, de alzar la voz contra la injusticia y de mantener su arte en línea con la realidad histórica y social. Sirve para ilustrarlo una de sus más recientes series pictóricas, la que realizó sobre las torturas cometidas por los marines en la cárcel iraquí de Abu Ghraib (2003), en el marco de la ocupación norteamericana de Iraq. Presentada en 2005 en el Palacio Venecia de Roma, la fuerza turbadora de esta colección de cincuenta lienzos atestiguó además que el pulso y la creatividad del artista no ha menguado en absoluto con los años.
Botero ante uno de sus lienzos sobre Abu Ghraib
CULTURA
Botero no pinta gordas
EUROPA PRESS - martes, 09 de octubre de 2012
El artista colombiano celebra sus 80 años con una muestra antológica en Bilbao en la que reúne otras tantas obras, mientras reivindica que sus creaciones no son figuras obesas
Fernando Botero, Celebración se ha inaugurado como una de las exposiciones antológicas «más importantes» en la carrera del artista, al reunir 80 de sus obras realizadas en los últimos 60 años. En concreto, se trata de 79 pinturas, que se exhiben ayer en la sala BBK del museo, y una escultura monumental (Caballo con bridas), colocada desde hace más de un mes en la Gran Vía bilbaína.
Según el artista, la pinacoteca ha intervenido de forma «muy directa» en la organización de la muestra, al optar por espacios minimalistas que «centran aún más la atención en las obras», en su mayoría de la colección del pintor.
La exposición, dividida en siete espacios temáticos, realiza un repaso a la trayectoria del pintor y escultor colombiano, destacando algunas obras tempranas (ocho pinturas), además de una veintena de composiciones dedicadas a Latinoamérica, con recuerdos de infancia y juventud de Botero.
Otro de los ámbitos recurrentes en su trayectoria es la religión y el clero, un capítulo «fundamental», según Botero, «en la imaginería colectiva» de los latinoamericanos, y que presenta un total de siete obras. Además, el tema del circo ocupa otro de los espacios de la exposición, un mundo «fascinante» para el autor «al igual que para Picasso o Rouault».
Prisión de Abu Ghraib. La muestra recoge, además, una serie de obras que ilustran el «horror» vivido por los prisioneros de guerra en la prisión iraquí de Abu Ghraib, y que el pintor se sintió «obligado a plasmar» por la «ira» que sentía al conocerse los «crímenes que se cometían».
Al ser preguntado por sus recientes manifestaciones en las que aseguraba que él no pintaba «gordas», Botero insistió en que no ha pintado una gorda «en mi vida», sino que ha «otorgado volumen a los cuerpos para llenarlos de monumentalidad y plasticidad». En este sentido, indicó que concibe los cuadros como «algo sensual, casi como comida».
Por otro lado, el artista defendió el arte de la tauromaquia y consideró «una lástima» que en estos momentos exista «tanta oposición a este arte».
Las corridas de toros son «un gran aporte cultural que está fuertemente ligado a España» y que ha inspirado «grandes obras de arte» de multitud de artistas. «Sería un crimen abolirlas», concluyó.
La muestra permanecerá en el museo Bellas Artes de Bilbao hasta el próximo 20 de enero, a un precio general de seis euros y con entrada gratuita para los desempleados que lo acrediten
No hay comentarios:
Publicar un comentario